higor

Para contar la historia de Hígor es necesario remontarse al siglo XVIII… 

Arsenio, curvado sobre su bastón, caminaba tranquilamente por los senderos y puentes de los jardines de El Capricho de Madrid. Durante décadas, su función era la de vigilar el recinto, mantener los caminos, recolectar flores… y residir en la pequeña ermita construida para una noble familia. Realmente, Arsenio era un simple adorno más en un entorno calculado al milímetro.

Pero murió.

A su fallecimiento, la noble familia decidió ahorrar costes y pedir a su artesano que les fabricara otro ermitaño… autómata. Pero el creador necesitaba más piezas de las que le habían entregado, así que tras horas de hurgar en uno de los desvanes, localizó un antiguo juguete, una gallina que ponía huevos de oro, propiedad de la hija del noble. Parte del mecanismo de esta gallina de los huevos de oro fue empleada en la construcción del ermitaño autómata. 

Una semana después, con la maquina ya en funcionamiento… apareció el huevo…

Azul y destrozado, camina por el mundo sin que nadie sepa pronunciar correctamente su nombre…

- Señor… ¿Aigor?

- No, no, Hígor.

- Bien, señor Igor…

- No, no, Hígor, con ‘H’.

Un mal comienzo, se mire como se mire, para este pobre pollito… azul. El raro de la familia, el deformado del barrio… el animal más extraño que pueda encontrarse en cualquier granja.

Nunca se le pasó por la cabeza que pudiera llegar a ser el protagonista del Día del Pollito… 

Estad atentos… comienza su particular historia…